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El viaje como recurso narrativo

Sí, he aprovechado las navidades para leerme “Las Estrellas son Legión”, de Kameron Hurley y, como no podía ser de otro modo, me ha terminado inspirando para sentarme un rato y diseccionar la experiencia. Porque la novela de Hurley tiene para mí un defecto que la lastra; el viaje de Zan.

viajeAntes que nada quiero dejar claras unas cuantas cosas. La primera es que el libro me ha gustado; Cameron Hurley se ha marcada una novela muy interesante y original. La segunda es que no voy a entrar en la polémica sobre el hecho de que todos los personajes sean mujeres. A mí me ha parecido una gran idea, tiene todo el sentido dentro del universo que la autora ha creado. La tercera es que no tengo nada en contra de la narrativa de viajes.

El viaje como recurso narrativo

Partamos de dos premisas. Por un lado tienes a la protagonista de tu novela exiliada lejos de todo y, por el otro, quieres mostrar la riqueza y profundidad del “mundo” que has creado mientras dicha protagonista recluta a algunos aliados.

El “manual” de la narrativa te da la solución “optima”; embarcas al personaje en un viaje en el que va a recorrer el camino de vuelta, mientras se encuentra con distintos grupos, forja alianzas y se mete en problemas, tiene encuentros peligrosos y descubre información valiosa sobre sí misma…

…Salvo por el hecho de que vas a bajar el ritmo de tu novela, desarrollando un arco que va a constreñirte a nivel creativo y que en última instancia, va a ofrecer muy poco a la trama salvo “colocar” a tu protagonista en su sitio.

Literatura de viaje y el viaje como recurso

Antes de continuar, debo hacer una distinción. Cuando hablo de usar el viaje como un recurso narrativo, no incluyo las historias cuya trama principal es el propio viaje. En “Vuelta al mundo en 80 días”, el viaje es un fin en sí mismo, no un medio. Lo que quieres leer cuando abres ese libro es el viaje de Phileas Fogg.

Pero yo no hablo del género de viajes; hablo de introducir un viaje dentro de una trama más larga. Por ejemplo, lo que da sentido a la obra de Verne o a “El señor de los Anillos”, es llegar al destino. Una vez las piezas están en su posición (Frodo en el Monte del Destino y Aragorn en Minas Tirith) la historia ha quedado cerrada. Llegar al destino (o a un destino) es lo que le da sentido a la historia.

Cuando en una obra necesito llevar a un personaje del punto A al punto B para que la historia siga avanzando y decido narrarlo con detalle, estoy usando el viaje como un recurso y, probablemente, estaré bajando el ritmo de mi historia y corriendo el riesgo de detenerlo.

¿Cuáles son los problemas del viaje como recurso?

En mi opinión hay dos, el ritmo y la estructura repetitiva del viaje.

Cuando introducimos un viaje, estamos esencialmente retrasando el avance de la historia. Durante el viaje pueden ocurrir cosas, pero la trama no estará avanzando y, por lo tanto, el ritmo habrá bajado. Esto puede suplirse, en parte, haciendo que el viaje sea emocionante, que los encuentros de la protagonista sean interesantes, los obstáculos desafiantes y los personajes y conflictos personales atractivos para el lector. Pero seamos sinceros, aún así, la historia no habrá avanzado y, por lo tanto, no habremos contado nada realmente.

Muchas reseñas de “Las Estrellas son legión” señalan ese segundo tercio menos interesante. ¿Por qué? Porque en esencia toda la trama está parada esperando que Zan llegue a su destino.

Pero el problema más grave que tienen los viajes a nivel narrativo es que son una estructura sumamente procedimental. La protagonista se mueve, encuentra algo nuevo/desconocido, hace algún aliado/enemigo, supera el obstáculo y sigue avanzando. Cada ciclo será temático (en el caso de Zan, cada ciclo es una sociedad distinta) y no hay creatividad en el universo que pueda enmascarar eso.

Es fácil tolerarlo si llegar al destino es la conclusión de la historia, porque entonces sí estamos “avanzando”, pero si lo único que nos espera al final del viaje es que la protagonista “por fin” pueda volver a la trama, entonces es inevitable preguntarte… ¿Por qué me han contado todo esto?

Redimiendo el viaje

¿Es esto razón suficiente para dejar de usar los viajes? Al menos sí para dejar de usarlos como un arco de una trama mayor. Los viajes funcionan bien si la historia empieza y acaba con ellos. Como el Hobbit, que es la historia de una ida y una vuelta.

Sin embargo, dentro de una narración mayor, los viajes suelen un lastre. Es cierto que nos permiten introducir nuevos entornos, mostrar nuestro mundo y presentar personajes. Pero si lo hacemos sin que la historia avance, entonces salimos perdiendo, porque corremos un riesgo enorme de que el lector se aburra.

Eso no significa que no podamos hacer que nuestros personajes viajen. De hecho, el que los personajes se muevan por el mundo suele ser muy positivo porque, precisamente, podemos hacer todo lo que mencionaba; presentar nuevos elementos. Pero hay que cambiar el foco; utilizad elipsis, no carguéis el viaje con encuentro aleatorios como si fuera un videojuego ni obstáculos que no aportan nada. Vuestra historia es otra, ¿no? Contad esa historia y dejad el viaje para cuando simplemente queráis contar uno.

Por | 2018-01-10T14:02:59+00:00 10 enero, 2018|Disección Literaria|Sin comentarios

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