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Ted Chiang, la historia de una vida

Hoy vengo a hablar de Ted Chiang uno de los autores que más incidencia ha tenido y, creo, tendrá en la ciencia ficción mundial, a pesar de que no haya escrito una novela. Dentro del mundo de la ciencia ficción, y más a raíz de llevar al cine una de sus historias, ya es leyenda: ha ganado cuatro premios Nébula, cuatro premios Hugo, un Theodore Sturgeon (además de ser nominado en diversas ocasiones) y una enorme y asombrosa cantidad de nominaciones para unos quince relatos que son los que ha contado, y de las que sólo unos pocos se han traducido al español. Es un autor poco prolífico pero cada historia que nos narra está cuidadosamente considerada, es profundamente conmovedora, a veces peligrosa y magistralmente construida. Es increíble cómo se las arregla para mostrarnos el drama humano que trasluce tras las preguntas filosóficas que nos plantea, a través de una prosa sencilla, libre de formas, que nos parece simple pero que nos deja pensando un largo rato cuando llegamos al final. El género sobre el que escriba no importa, siempre nos sorprende y es uno de los mejores escritores de cuentos, a pesar de su escasez numérica, que siguen sorprendiendo en la actualidad con su obra.

Ted Chiang es un escritor pensativo, ambicioso, infinitamente curioso, muy buen amigo de sus amigos, siempre dispuesto a debatir sobre la naturaleza del lenguaje, sin que el cansancio le aleje de una buena conversación. Me gustaría poder entrevistarle, aunque fuese por correo electrónico, ya que personas de su estilo maravillan con la sencillez de sus palabras y la profundidad de sus pensamientos.

Ted ChiangNació en 1967. Desde que estaba en la enseñanza secundaria escribía relatos que remitía a revistas de ciencia ficción. En 1989 asistió al taller de Clarion West en Seattle y vendió su primera historia al legendario Omni. Esa historia le sirvió para recibir el primer premio Nébula e inició su carrera literaria. Ahora hay clases universitarias de ciencia ficción en su país por todos lados pero en las entrevistas que le han hecho a lo largo de estos casi veinticinco años, ha podido ver que el estado de la ciencia ficción ha cambiado mucho desde sus inicios. También ha comentado la evolución de los lectores de sus historias que han pasado de ser un nicho exclusivo a ser lectores más generalistas, sorprendidos con sus historias que tienen lugar en un mundo que parece el nuestro pero con un contexto diferente. Nos advierte que los lectores actuales son más hábiles, más expertos en descifrar lo que narra, aunque no esté planteado al principio, lo cual le agrada y dice beneficiarle.

Desde siempreha indicado que su inspiración para escribir fue Isaac Asimov, pero las palabras y el lenguaje le marcaron. Confiesa que, en la actualidad, se considera un lector. Recuerda que era un lector muy voraz, lo que no es ahora porque Internet ha modificado su capacidad de atención reduciéndola. Me imagino que a todos nos ha pasado lo mismo, pero me llama la atención que no es una persona activa, como escritor, en las redes sociales. Y es curioso que coincidamos en que se ha reducido el umbral de tolerancia lectora con el hecho de que cuando descubrimos un artículo interesante pero consideramos que es algo largo… lo guardamos para leer más tarde y lo olvidamos. Finaliza reparando en que cuanto más tiempo pasamos en las redes, más bajo es este umbral.

Pero me gustaría ser mejor en el uso de internet como una gran biblioteca sin usarla como una pared de pantallas de televisión sintonizadas en diferentes canales. tweet

Una de sus peculiaridades como escritor de historias cortas (ya que se pasa gran parte del año escribiendo textos técnicos independientes) es que investiga mucho y siempre escribe el final de la historia, en primer lugar. Dice que necesita tener el destino en mente, que la historia no está resuelta en detalle, aunque vislumbra una idea general de lo que debe suceder: es una idea que ha dado muchas vueltas en su cabeza durante mucho tiempo, por ejemplo, un mundo en el que todos estén comprometidos con la vida. Y piensa diferentes posibilidades ambientadas en ese mundo. Hace años llegó a la conclusión de que podía tener múltiples puntos de partida que no sabía dónde irían. Pero el hecho de tener un final le permite empezar a escribir y así no adentrarse en callejones sin salida y, por supuesto, las cosas evolucionan a medida que escribe.

Colabora en diversos talleres de escritura que le permiten recibir comentarios sobre sus historias antes de remitirlas a publicar y, confiesa que disfruta hablando y hablando con otros escritores durante esa semana pero no encuentra talleres útiles para motivarle a escribir puesto que lo más negativo para él es un plazo: si se apresura a terminar una historia, o la necesidad de cumplir un plazo le han llevado a tomar malas decisiones con respecto a la historia y finalizar dedicándole mucho más tiempo a la corrección de errores que a la escritura. Por eso, en la actualidad, rechaza las invitaciones a talleres si considera que le van a influir indebidamente en el proceso de escritura. En la actualidad es profesor en Clarion, donde disfruta mucho pero confiesa que es agotador porque la calidad de los estudiantes de los últimos años ha sido muy alta, impresionante para él y que desconoce la explicación de ello, salvo que hay un mayor interés por escribir.

Ted ChiangLa transformación literaria de «Historia de tu vida» al cine en «La llamada» llevó a Ted Chiang a reflexionar sobre que no consideró nunca que esa historia pudiera convertirse en película por lo arraigado de la palabra escrita en nuestros cerebros y que no se imagina las escenas como un guionista: descubrió que éstos tomaron los personajes principales de la historia y construyeron una trama nueva donde pudieran desempeñar los mismos roles básicos con el resultado de ser fieles al espíritu de la historia pero radicalmente diferente al texto, un enfoque que nunca se le habría ocurrido. Y todo ello, sin contar con lo que es la producción de una película. Pasaron cinco años desde que le contactaron por primera vez para la historia y considera que el resultado final es maravilloso. También contó que han mostrado interés por «El infierno es la ausencia de Dios» pero que tras la emisión de «The Leftovers» no cree que los productores sigan estando interesados en adaptarla.

Es claro cuando muestra su gusto por James Ellroy (lo leyó para ver la adaptación de su novela al cine y pensar en qué podría pasar con su historia) pero no se proponer enseñar lecciones morales con sus historias porque las preguntas filosóficas le resultan más interesantes si tienen consecuencias importantes, significativas, para la vida de una persona, es decir, le interesa encontrar maneras de hacer preguntas como escritor que permitan atormentar al personaje. Muestra su pasión por Jorge Luis Borges y no lamenta haberlo leído hasta después de la Universidad donde leyó a Edward Bryant, John Crowley y Gene Wolfe. En la actualidad admira determinadas historias de Frederick Busch, Lorrie Moore, Ralph Lombreglia, Alice Munro, Anthony Doerr, Andrea Barret o Craig Davidson porque están relacionadas con la colisión de los tipos de conciencia o las diferentes culturas que le atraen. Le ha llamado mucho la atención que sea más leído fuera de Estados Unidos lo que achaca al hecho de que su obra no esté impregnada de la cultura estadounidense. El hecho de escribir en inglés lo considera una suerte pues si lo hiciera en sueco no cree que nadie hubiera leído alguna historia suya fuera de Suecia. Anima a los escritores y, sobre todo, les recuerda que escribir no es una carrera: recuerda un pasaje de «The Writing Life» de Annie Dillard donde el escritor le dice a su vecina que odia escribir y preferiría hacer cualquier otra cosa porque es como un obrero que trabaja todo el día en una fábrica y lo odia. Considera que escribir es tan difícil para él que a menudo se ha preguntado si realmente está preparado para ello lo que unido a algunas experiencias con la industria editorial, le han llevado a dejar de hacerlo durante años. Aunque sigue volviendo porque es una parte esencial de lo que es, porque escribir no es una situación donde sólo los más prolíficos tienen lectores: aconseja publicar cuando la historia y tú estéis listos. Así, tu historia tendrá lectores.

Gracias, Ted Chiang. Gracias por contarnos tus historias y porque sigas escribiendo.

Por | 2017-11-22T08:23:19+00:00 21 noviembre, 2017|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Juan Luis García

Juan Luis nació el primer día de 1968. Llegó al colegio con tres años, no sabe si por el tamaño de su cuerpo o de su curiosidad. Escribió de pequeño pero los profes de la época le desanimaron tanto que se encaminó hacia las ciencias. Estudió Biología aunque quiso ser médico pero descubrió que la naturaleza se defiende con una toga y, ya de mayor, tras aprobar unas oposiciones del Estado, estudió Derecho con dos niñas en el mundo y una compañera inigualable. Lector empedernido desde la escuela, donde su profesora de Ciencias le mostró a un Asimov que las explicaba sin ser aburrido llegó a leer libros impensables en la actualidad con 8 años como la Ilíada o La Odisea. Incansable buscador, artesano del pan y del jabón, probó un curso de verano en Factoría de Autores para leer mejor y recordó lo que le gustaba escribir y contar sus inquietudes. Continúa formándose en escritura y desde ese verano de 2015 intenta no dejar de escribir, ni de aprender.