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¿Puede la literatura ser “solo” entretenimiento?

 

¿Por qué nos gusta tanto leer? La literatura nos ofrece muchas cosas: una buena novela es una forma excelente de pasar las horas libres; y, en su faceta como arte y disciplina humanística, también nos puede ofrecer interesantes reflexiones sobre cuestiones de carácter ético, social o filosófico.

¿Y cuál de estas dos formas de hacer literatura debería primar sobre la otra? La respuesta corta es: la que vosotros queráis. Quizá suene demasiado simplista, pero lo cierto es que cada uno es libre de escribir lo que le apetezca; y si lo único que buscáis es contar una historia entretenida, que esté bien escrita y mantenga al lector pegado a las páginas durante unas cuantas horas, es perfectamente legítimo que construyáis libro con ese objetivo.

Pero esto tiene un poco de trampa, pues para atrapar la atención de los lectores es imprescindible que estos construyan un vínculo emocional con la historia que les estamos contando. Para ello debéis, por un lado, construir personajes memorables con los que el público pueda empatizar; por otro, ser conscientes de cuáles son las ideas, la visión del mundo por decirlo de alguna forma, que vuestra obra transmite al lector.

¿Cuáles son los elementos que definen una buena historia? ¿Basta con saber entretener a los lectores, o debemos ofrecerles algo más? tweet

Centrándonos en la novela, que es el formato que más se lleva, me gustaría hablaros un poco de estos dos elementos que, en mi opinión, deberían estar bien trabajados toda historia que se precie, incluso aunque solo busque entretener

El riesgo de deshumanizar el entretenimiento

Para escribir una novela, necesitáis unos personajes, un escenario y una acción narrativa. Los protagonistas de una novela no se quedan en su habitación mirando las musarañas: salen al mundo, hacen cosas, toman decisiones; en definitiva, viven la vida. Esto es precisamente lo que va a definir la forma en la que los lectores percibirán a vuestros protagonistas.

Entretenimiento

Cuando tus personajes tienen un problema, ¿cómo lo resuelven? ¿Intentan ser astutos y creativos, o se comportan de forma agresiva y destructiva? ¿Y si se encuentran un obstáculo, o alguien que se interpone en su camino? ¿Tratarán de resolver el conflicto mediante el diálogo y la diplomacia, o recurrirán a la violencia?

Pensemos en el cine de superhéroes. A principios de este año se estrenaba Wonder Woman, una cinta de la directora Patty Jenkins que logró cosechar un gran éxito tanto entre la audiencia como la crítica especializada. Y una de las claves principales de este triunfo es el propio personaje de la Mujer Maravilla: encarnada por la actriz Gal Gadot, la cinta nos muestra a una guerrera que personifica los ideales heroicos más clásicos, la lucha por el bien y la justicia, al mismo tiempo que asume sus miedos e imperfecciones.

Wonder Woman es una película que tiene sus fallos pero que se salva precisamente gracias a la fuerza de su protagonista. Patty Jenkins fue muy valiente al hacer un personaje tan “puro” en una época en la que parece que triunfan más los antihéroes, y mira por donde, la jugada le salió redonda. Los espectadores conectaron con la heroína, se sintieron inspirados por lo que representaba, y eso hizo que disfrutaran mucho más de la película.

EntretenimientoPara que vuestros lectores se interesen por la historia que le estáis contando, primero necesitáis que conecten emocionalmente con los personajes. Eso no quiere decir que vuestro protagonista tenga que ser necesariamente un héroe o un santo; al contrario, muchos de los grandes personajes de la literatura se caracterizan por su ambigüedad moral. Por ejemplo, en El retrato de Dorian Gray, el susodicho se nos presenta inicialmente como un joven puro que se va corrompiendo poco a poco a lo largo de la novela. Lo que marca la diferencia es que Oscar Wilde se asegura de mostrarnos los motivos que empujan a Dorian Gray a la decadencia, hasta el punto de que el lector puede llegar a comprenderlo o incluso sentir lástima por su destino.

En cambio, si un personaje es cruel o violento sin razón, será muy difícil que el lector pueda empatizar con él (o ella). Si queréis crear un personaje creíble y complejo, tenéis que reflexionar sobre la naturaleza humana, cuáles son los motivos que impulsan a las personas hacia el bien o hacia el mal, y por qué a veces nos vemos obligados a hacer cosas que no querríamos.

Dorian Gray se vuelve vanidoso y cruel porque se deja arrastrar por malas influencias. Wonder Woman es una heroína que utiliza la fuerza física para detener a sus enemigos, pero no se recrea en la violencia ni mata si puede evitarlo. Como escritores, debéis tener mucho cuidado a la hora de tratar estos temas tan delicados y no caer en la superficialidad, en el riesgo de “deshumanizar” la historia, o podríais provocar que vuestros lectores se sientan disgustados y no disfruten de la novela.

El valor de una narrativa consciente

Sois escritores, pero también sois personas. Eso quiere decir que tendréis vuestras propias opiniones, vuestra forma de entender el mundo que os rodea; y esto, de una forma u otra, va a tener reflejo en vuestra obra. Al fin y al cabo, la literatura siempre ha sido uno de los grandes vehículos para el intercambio de ideas y, como escritores, debéis ser conscientes de qué es lo que estáis transmitiendo a vuestros lectores.

Seguramente habéis visto Juego de Tronos o leído los libros (y si no… ¡alerta de spoiler!). George R. R. Martin nos muestra una perspectiva muy gris de la realidad: los personajes “demasiado” bondadosos, como Ned Stark, siempre acaban mal porque otros, más astutos y con menos escrúpulos, se aprovechan de esa rectitud para su beneficio. Pero eso no quiere decir que el autor abogue por la maldad; de hecho, los personajes más inmorales de sus libros, como Cersei Lannister o Joffrey Baratheon, también terminan sufriendo las consecuencias de sus actos. Su crueldad es tan exacerbada que acaba por crearles demasiados enemigos y trayendo su destrucción inevitable.

entretenimiento

George Martin ha afirmado en sus entrevistas que él hace todo esto de forma consciente. No quiere que todo sea luz y oscuridad, sino crear un equilibro e intentar que los lectores entiendan que toda acción tiene su consecuencia. Los lectores aceptamos los momentos más sombríos de la historia porque sabemos que el efecto acción-consecuencia funciona en ambas direcciones y que el mal descontrolado también tiene su castigo.

Y esta es la conclusión a la que quería llegar: no se trata de que vuestros libros tengan que convertirse en tratados de ética o filosofía, pero sí de que os planteéis qué es lo que estáis comunicando a vuestro público. Al fin y al cabo, la literatura no es más que comunicación escrita. Podéis escribir para entretener, claro que sí, pero no olvidéis que la lectura implica un vínculo emocional entre el libro y el lector. Cuanto más trabajéis ese vínculo, más disfrutarán otros de vuestras novelas y, por tanto, cumpliréis mejor vuestro objetivo de entretener. ¡Espero haberos ofrecido una reflexión interesante, y nos veremos próximamente!

Por | 2017-11-27T08:54:23+00:00 27 noviembre, 2017|Disección Literaria|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Pablo José Terol Orozco

Pablo José Terol Orozco nació en Cádiz en 1993 y ha vivido entre libros desde que tiene memoria. Se graduó en Derecho por la Universidad Pablo de Olavide, especializándose en la rama del Derecho Constitucional. Aunque su carrera profesional le haya llevado en una dirección distinta, nunca ha abandonado su amor por la literatura en todas sus formas y géneros. Ha publicado varias historias en colaboración con diversos editoriales, blogs y otras entidades, y obtuvo el 2º puesto en el certamen literario Premius Interius, convocado por Triskel Ediciones.