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¿Cuál es el papel de la ciencia en la ciencia ficción?

Os voy a ser sincero, llevo varios días dándole vueltas a esta pregunta. En un primer momento había pensado hacer un artículo enumerando las distintas aproximaciones que pueden hacerse para incorporar la ciencia a una historia, desde convertirla en un elemento crucial de la historia, uno de los temas generales de la obra o, simplemente, usarla para darle verosimilitud al texto. Pero me daba la sensación de que con eso no haría más que arañar la superficie, porque del mismo modo que la ciencia ficción necesita ciencia, la ciencia por sí misma no sustenta la ciencia ficción.

La ciencia como documentación

Es imposible escribir sin tener que documentarse en algún momento, no importa el género con el que trabajes. La función de la documentación es dar credibilidad a nuestra historia. Si digo, por ejemplo, que una nave espacial puede usar el combustible de una estrella para funcionar, debo saber, al menos, de qué estoy hablando y ver si tiene al menos sentido.

cienciaPara muchos autores la documentación es un proceso positivista; creen que contra más datos introduzcan en una historia, más “correcta” será. Para mí es un proceso negativista; no me importa cuantos datos a favor tenga, el lector sólo necesita una prueba en contra para desmontar mi historia, de modo que no añado demasiados detalles, pero me aseguro que los que ponga sean correctos.

Aquí cruzamos rápidamente una linea: ¿hasta qué punto podemos llamar “documentación” a un proceso que incluye hablar de tecnologías que se desarrollarán en un plazo de cincuenta o cien años? Por bien que hagamos las cosas, no estaremos dejando de especular.

Pero hay una gran diferencia entre especular con una buena base científica que especular sin ella. Voy a utilizar un ejemplo que está bastante de moda; la terraformación. En muchas novelas se habla de la capacidad de convertir un planeta yermo (o, al menos, no apto para la vida humana) en un planeta donde podamos vivir sin estar encerrados en cúpulas y trajes. Llevamos especulando sobre esa posibilidad casi un siglo. Cuando un autor especula con una buena base científica, habla de un proceso lento y complicado que requeriría una inversión económica y humana más que considerable. Es verosímil y, además, tiene un tinte épico que es muy adecuado a la hora de contar una historia. Si un autor especula sin ninguna base, podemos encontrar el proyecto “génesis”, un torpedo mágico que al ser disparado sobre una luna muerta la transforma en una vergel en cuestión de horas. Puede resultar espectacular conceptualmente, pero a nivel de ciencia nos resulta un tanto “increíble”. Lo irónico es que nos resulta increíble en base a lo que sabemos ahora, quizás en doscientos años la gente piense que éramos unos ingenuos al creer que la terraformación tomaría siglos o, incluso, milenios.

La ciencia como tema

cienciaEste es complicado. Resulta muy difícil pensar en el futuro y desvincularlo de la tecnología y, por lo tanto, de la ciencia que la hace posible. Pero en ocasiones ambos elementos están ahí con una finalidad estética; forman parte de la ambientación pero no forman parte de la narrativa ni de los temas que se desarrollan. Cojamos un ejemplo clásico; Star Wars. La tecnología no es un tema importante en la historia que se cuenta. Si sustituimos las naves por barcos, los planetas por países y los blasters por pistolas, tenemos esencialmente la misma película. Pero pensemos en una película como 12 monos. La cantidad de ciencia que hay en ella es ridícula y la tecnología que sale es prácticamente marginal. Y, aún así, es uno de los temas centrales de la historia que nos cuentan; ¿puede cambiarse el pasado?

Es curioso cómo no es necesario introducir ciencia para que ésta se convierta en un tema de la obra. En ninguna obra sobre robótica o inteligencia artificial se habla de cómo se han creado y, aún así, nos plantean dudas sobre la propia ciencia. Asimov, en sus cuentos sobre robots, habla del cerebro positrónico, pero no da más detalles sobre su funcionamiento. Es un cerebro electrónico que logra ser tan complejo como uno humano. Funciona con positrones, que son una partícula elemental que el autor usó porque se había descubierto recientemente y tenia un nombre llamativo. Seamos sinceros; esto tiene una base científica casi inexistente. Pero aún así, las posibilidades positivas y negativas de la robótica y de la generación de inteligencias artificiales son el tema principal de la obra.

La ciencia como parte intrínseca de la historia

Finalmente podemos encontrar historias en las que la ciencia sea la protagonista. Tenemos “El marciano”, por ejemplo, donde parte del atractivo de la obra recae en la descripción de procesos técnicos para resolver problemas determinados. Evidentemente, lo normal es que si una obra depende de la ciencia para funcionar, ésta sea también uno de sus temas, pero hay excepciones, como el propio “El marciano”. La ciencia puede ser un elemento narrativo más, ayudar a crear puzzles con los que sorprender al lector del mismo modo que se hace en las novelas de misterio, sin que forme parte de los temas que se tratan.

¿Cuál es la conclusión?

Me temo que esto va a ser puramente personal, pero para mí la ciencia ficción necesita las tres aplicaciones de la ciencia para funcionar adecuadamente. No tiene sentido hablar de “ciencia ficción” si la ciencia (o por extensión la tecnología y su relación con la humanidad) no es uno de sus temas. Evidentemente tampoco lo tiene que la ciencia ficción carezca de, al menos, la documentación necesaria para resultar verosímil. Y si hablamos de ciencia y la ciencia coexiste con la humanidad, es un detalle añadido introducirla de manera activa en la historia, aunque sea como un elemento para “impresionar” al lector con una solución espectacular.

No es facil encontrar obras que reúnan estas tres características, especialmente en el panorama actual. Mucha de la ciencia ficción que nos llega en la actualidad ha perdido la cualidad de la especulación, descuida la documentación y, desde luego, no es capaz de crear un tema significativo con ella. Vemos una y otra vez las mismas ideas (inteligencias artificiales, la deshumanización a la que nos aboca la tecnología, etc) que ya se desarrollaron y explotaron en los años ’60 y ’70, el cyberpunk se ha convertido en un género referencial (“Ready Player One” o “Armada”) y las historias expansión y colonización se dejan arrastrar por la visión pesimista de autores cada vez más viejos, porque no hay sangre nueva en la ciencia ficción que revitalice el género. Y si un género que depende del entusiasmo y de la avidez de nuevos desafíos se estanca en una producción mediocre, que se conforma con recontar las mismas historias una y otra vez, entonces estamos hablando de un género en franca decadencia. Y lo siento, como lector porque no hay ninguna obra realmente interesante que leer y como escritor, porque es normal que el género no venda y las editoriales no apuesten por él en el estado en el que se encuentra.

Por | 2017-11-10T11:13:44+00:00 10 noviembre, 2017|Disección Literaria|Sin comentarios

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