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El negocio de los libros

Hablemos claro, el sector editorial es un negocio, al igual que todos los demás sectores económicos que existen, y de hecho, es un negocio muy fructífero, con 151 mil millones de dólares recaudados en 2012. A la cabeza del sector están las editoriales, que no son precisamente ONG que se dedique a regalar dinero a todos aquellos autores que necesitan publicar sus obras por el simple hecho de haberlas terminado. No, son empresas hechas y derechas, que lo que buscan es ganar dinero. Si entendemos eso, podemos comprender su comportamiento, pues todo negocio debe tener como meta principal la rentabilidad, porque sin ella, quebrarían, y todos los objetivos secundarios que pudiera tener carecerían de sentido.

negocioImaginemos que una editorial tuviera que cerrar por falta de solvencia, pues los libros que tenía distribuidos no se vendieron. Lo que pasaría, entonces, es que las obras de los autores con quienes tiene contrato se quedarían estancadas, sin poder venderse o distribuirse, además que sería una empresa menos que se arriesgaría en apostar por las obras de los nuevos escritores. Y  eso sin contar que bastantes personas se quedarían sin empleo. En resumidas cuentas, los efectos se extenderían más allá de ella, afectando a quien tuviera alguna relación con la editorial. Por eso es importante centrar el esfuerzo en mantener en números negros las utilidades de las compañías, para que éstas sigan cumpliendo con el propósito por las cuales fueron creadas. Una forma de lograrlo es eligiendo con cuidado las inversiones que se harán, consiguiendo así que se reduzcan los costos y que se aumenten las ventas. De allí la importancia de conocer lo que el target quiere, de estar a atentos a lo que los lectores buscan y de conocer lo que las tendencias dicen en cuento a temática y genero literarios, pues eso reduce el riesgo y la incertidumbre.

Seleccionar una obra es algo complejo, pues se debe predecir su comportamiento en el mercado. Así que la elección no siempre está relacionada con la calidad, sino con lo que el mercado quiere. Por tanto, debemos esperar que las editoriales sean severas a la hora de elegir los manuscritos que serán publicados, ya que el mundo cultural y de entretenimiento es uno muy competitivo, donde existen productos sustitutos que pretenden satisfacer la misma necesidad que ellos ofrecen. No es sencillo competir, y lo que menos quieren las editoriales, es que un libro se quede en las estanterías por años sin  que pueda producir dinero.

Tal vez por eso vemos a las editoriales como antagonistas, pues las juzgamos como entes que solo piensan en el dinero. Lo mismo le pasa a las grandes casas productoras o las discográficas; Creemos que son las malas del cuento, no obstante, no siempre es así, pues gracias a que es un buen negocio vender libros, es que la literatura sigue viva. Las grandes editoriales hacen que los libros circulen, que estén a la alcance de todos y que grandes obras se den a conocer. Claro, está ese otro lado donde sagas completas, sin ninguna calidad literaria, le quitan espacios a los nuevos talentos. Pero seamos justos, las editoriales son quienes que tienen que arriesgar su dinero, así que lo mínimo tienen que intentar es asegurarse que lo que sea que se vayan a publicar, se venda. Que se piense en el dinero no es algo negativo, ya que esto permite que también los escritores puedan cobrar por su trabajo. Porque la cosa no es regalar lo que se hace (ya sean los escritores o las editoriales) sino que se debe buscar un esfuerzo para que lo que se ofrezca sea deseado por los lectores. Un acuerdo de Ganar, ganar.

Por supuesto que alguna editorial pudiera apostar un poco más por los nuevos autores, pero éstos deben tener algo que destaquen del resto. No solo se trata de escribir bien, sino que se deben aportar algo diferente a lo que otros autores hacen. Se debe tener un factor diferenciador, algo que le agregue un valor extra a lo que el mercado ya ofrece, ya que apostar por algo nuevo es arriesgado, pero es algo que algunas editoriales asumen porque solo así se puede tener nuevas tendencias.

Ciertamente que lo que digan las editoriales no es la última palabra. Ellas pueden equivocarse también, pues no todo lo que aceptan publicar se vende, y no todo lo que rechazan se puede considerar como un mal manuscrito, simplemente no está dentro de los que consideran adecuado para su público. Para ello existen otras alternativas que el propio escritor puede seguir, como la autopublicación. No obstante se debe estar consiente que ahora quien arriesgará su dinero será el mismo, además que será él el único responsable de que su trabajo sea conocido o no.

Afortunadamente el sector editorial es un negocio amplio y en constate cambio, donde poco a poco las grandes editoriales van cediendo terror para que otras alternativas, como los escritos digitales, se vayan apoderando del mercado. Es una tendencia mundial que abrirá más espacios para la autopublicación, pero que en realidad no garantizará que las obras puedan vender por el solo hecho de ser publicadas, pues al ser un mercado más abierto, traerá consigo que la calidad sea puesta en duda, pues, sin un filtro adecuado, los lectores no sabrán en realidad donde encontrar los buenos libros.

Lo importante es saber que, si el mundo literario es un negocio, es un negocio que puede alcanzarnos a todos los que participamos de él, por eso hay que hacerlo crecer. Y como dijo uno de mis profesores de Administración de negocio: “Lo importante es hacer que llueva, y que la lluvia nos moje a todos”.

Por | 2017-11-20T10:39:55+00:00 31 agosto, 2017|Fiscalidad y Legalidad, Mercado Editorial|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Raul Veliz

Raúl Véliz Salas (Durango, Mx, 1981) es licenciado en Administración de empresas y terminó la maestría en administración de negocios.