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La ruta escénica. ¿Qué es y por qué utilizarla?

A menudo, cuando se habla de narrativa contemporánea, se usa una aproximación minimalista a la cantidad de detalles que es recomendable añadir a una escena, a una trama o a una novela. O lo que es lo mismo, poner solo lo imprescindible. Sería muy osado por mi parte decir que encuentro que es un enfoque incorrecto, pero hoy me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre qué es lo que nos estamos perdiendo al seguir esa corriente en lugar de “la ruta escénica”.

¿Qué es la ruta escénica?

Imaginad que estais de turismo en un país desconocido y que vuestro “programa” para el día incluye ir de un lugar a otro de la ciudad donde os encontráis para seguir visitando más museos, monumentos, parques, etc. Aquí es donde se os abre una decisión interesante. La ruta más corta y, por tanto, la más eficiente, es cruzar el distrito financiero, donde sólo hay grandes edificios de oficinas y tiendas de las mismas marcas que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo. La otra ruta, la ruta escénica, dará un poco más de vuelta, pero a cambio os llevará por lugares más propios del país, quizás por el casco antiguo, quizás por una vieja carretera de la costa o quizás, simplemente, dará un rodeo para que paséis al lado de un precioso parque. La pregunta es; ¿cuál elegiríais?

La respuesta evidente es que depende del tipo de turista que seáis. Si sois de los que consideran el turismo como una contrarreloj para marcar tantos lugares visitados como sea posible en el menor tiempo, definitivamente cortaréis por el centro. Si el horario os importa menos, quizás prefiráis una vista bonita y una sensación más cercana al lugar.

¿Qué es la ruta escénica en narrativa?

Simplificando un poco, la ruta escénica es la decisión de añadir detalles del mundo o de los personajes que no sirven al propósito de hacer avanzar la trama ni añadir nada significativo en cuanto a la ambientación o el crecimiento de los personajes. La ruta escénica sólo es un rodeo para que el lector sienta más de cerca el mundo, profundice en los personajes o, simplemente, disfrute de unas bonitas vistas.

Sé lo que muchos estaréis pensado; eso es poner paja, relleno para que la novela abulte más. Y no os falta razón, nada de lo que entra en la ruta escénica es imprescindible, lo podríamos quitar y la esencia de la trama no se vería alterada. Pero… ¿Y qué más da? ¿Es que vais contrarreloj?

Leer y el arte de contar historias no son una carrera

No, en serio, no lo son. Mucha gente os dirá que si la literatura tiene hoy en día un ritmo más rápido es porque la atención del lector es menor, que está saturado de estímulos y que no tiene paciencia por culpa del cine. Quizás es cierto, somos hijos de nuestros tiempos y el cine nos ha acostumbrado a un ritmo rápido en la narración. Pero al mismo tiempo encontramos que las series de televisión han evolucionado de capítulos de cuarenta minutos autoconclusivos a largos arcos argumentales que toman temporadas enteras, que se toman su tiempo en desarrollar y mostrarte todo lo que creen importante no sólo para que entendamos la historia, sino para que la percibamos como los autores quieren.

Tenemos muchos ejemplos de novelas largas que optan por la ruta escénica y tienen unas ventas impresionantes. Opinemos lo que opinemos de su obra, J.K. Rowling se extendió lo que quiso en los últimos libros de la saga Harry Potter y no por eso perdió lectores. Abercrombie en la saga de la Primera Ley se toma todo el primer volumen en colocar las piezas donde él quiere, aunque técnicamente no explica nada imprescindible. Lo mismo ocurre con “El Nombre del Viento” y “El temor de un hombre sabio” de Patrick Roothfuss .

He escogido ejemplos del género fantástico con una intención muy clara; evitar las obras donde es más fácil poner paja en forma de largas explicaciones que demuestren cuánto se ha documentado el autor. La novela histórica y, por desgracia, la ciencia ficción, son mucho más vulnerables a ese error. Pero ese tipo de exposición no forma parte de la ruta escénica por una sencilla razón; no son bonitas.

¿Cuál es la esencia de la ruta escénica?

La esencia de la ruta escénica es transmitir al lector la sensación de que el mundo en el que transcurre la historia es un mundo vivo y emocionante, en el que vale la pena perderse, que es interesante por sí mismo y no sólo en virtud de las cosas que pasan en él. Es el equivalente narrativo a sentarte en una cafetería y tomarte algo caliente mientras ves pasar a la gente, a salir a pasear por una ciudad desconocida sin un rumbo fijo y ver dónde llegas, a escuchar la historia que un desconocido quiere contarte solo para comprender un poco mejor el mundo en el que vive.

La ruta escénica tiene un valor estético, también. Puede ser una escena costumbrista o una descripción detallada, pero transmiten algo más que pura información. Quizás sea porque estén bien escritas o porque lo que cuentan sea curioso o interesante, pero puedes sentir que vale la pena perder una página para leer lo que el autor quiere explicarte.

Porque ahí está el quid de la cuestión; la ruta escénica no implica una ruptura constante del flujo de la historia ni el hecho de contar cosas que no revistan interés. Por eso (y eso es mi opinión personal) los autores que trabajan el worldbuilding a través de la documentación en lugar de la imaginación lo tienen más difícil para conseguir introducir la ruta escénica en sus novelas. Ellos trabajan con datos, no tanto con sensaciones. Un ejemplo de esto lo tenemos en “A sangre fría” de Truman Capote. Es una obra excelente y evocadora que toma la ruta escénica, pero Capote lo consigue no sólo porque leyó sobre el suceso, sino porque se trasladó al pueblo y visitó el lugar, habló con la gente, trascendió la mera documentación para crear sensaciones.

Por | 2017-02-08T12:03:26+00:00 21 Diciembre, 2016|Disección Literaria|3 Comentarios

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  • Me gusta mucho la metáfora de la ruta escénica, sin embargo, siento que está incompleta.
    No hay que olvidar una cosa: ¿por qué han contratado los turistas al guía turístico? A menos que sea una novela “enciclopedia” que se basa en llevar al lector por el mundo sin más propósito que ese, los lectores están leyendo para llegar a su destino.
    Ahora bien, es de mal guía turístico llevarles solo al sitio de destino por la ruta directa. Como tú dices, el guía tiene que dirigirlos por las partes más interesantes de la ciudad, aunque eso les haga tardar un poco más. En eso coincido. Sin embargo, para que este tour sea satisfactorio, hay que tener en cuenta dos cosas:
    1: Las paradas antes del final tienen que tener una conexión. No puedes presentarles puntos aleatorios solo porque sí, porque son bonitos. Hay muchas cosas bonitas en la ciudad, por eso hay que elegir las que tengan una conexión con nuestro destino final, porque son las que van a interesar a los turistas. Si vienen a un tour para reconstruir el paso de un ejército, no creo que les interesen mucho los campos en los que los nobles cultivaban sus flores para perfumes.
    2. Los turistas tienen que sentir que se van acercando a su destino, no alejándose del mismo o dando rodeos. Por eso el guía debe diseñar muy bien el recorrido: dónde empieza, dónde paran, de manera que siempre se estén acercando al destino final.
    Esto es lo único que añadiría, ya que tal como está escrito este artículo, cualquiera podría entender que está bien alejarse del destino final o quedarse a ver las flores que ningún interés tienen para los turistas.
    Y Rothfuss no dice nada que no sea imprescindible, aunque lo parezca. Él sería el mejor guía turístico, ya que te lleva por sitios que crees que no están relacionados, pero según continúas, te das cuenta de que sí. Tú creías que estabas viendo las grandes hazañas de una figura histórica, mientras que lo que estaba haciendo era mostrarte la triste verdad tras la leyenda, y el contexto que hace falta para entender por qué hizo lo que hizo.
    El mejor guía es el que consigue empaparte del mundo a tu alrededor sin desviarte del camino y sin retrasarte del horario acordado.

  • Me ha parecido una muy buena metáfora el viaje y el turismo. Y estoy de acuerdo en lo que dices pero creo que no tienes razón en un detalle: que si quitaras todo eso que llamas “ruta escénica” la trama se entendería igual y que por tanto es prescindible. Soy muy fan de cargarme todo lo que no implica cambios en la comprensión de la historia, pero creo que muchos detalles sí son imprescindibles. Te pongo otro ejemplo: las pelis de terror en las que la música te avisa de que algo malo va a pasar. Si quitáramos esa música la escena sería la misma y la trama no cambiaría. Tampoco la comprensión del lector. Pero sí cambiaría su percepción de la historia y su enfrentamiento emocional a ella. Todo lo que sirve para meter al lector en la historia y hacerle sentir, ver y oler la escena a mí me parece imprescindible. Como dices, el lector busca historias más ágiles, con más ritmo, lo que no impide que les des un paseo panorámico, solo que tienes que hacerlo del modo más eficiente posible, elegir mejor tus palabras y aquellos detalles que añades.

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