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Sobre la RAE, Real Academia Española

Todo comenzó con cierto debate entre una compañera y yo por culpa de una simple palabra: ojiplático. Yo la uso mucho cuando hablo, pero al utilizarla en un artículo no me quedé muy conforme. Lo primero que hice fue consultar el diccionario de la RAE, la Real Academia Española. Sorpresa, no estaba recogida. Aún así la escribí porque me gusta mucho como suena y me parece lo suficientemente popular como para que no sea incorrecta. También leí una entrada de la Fundeu al respecto, aquí.

Bien, mi correctora me cambió la palabra y escribió su significado completo: es decir, en vez de figurar «os habréis quedado ojipláticos», se leía «os habréis quedado con los ojos abiertos como platos». Esto es un sinsentido, va contra la concreción de la lengua. Fijaos que digo con una palabra lo mismo que con seis.

Unos días más tarde me topé con este artículo y volvió a saltar el debate. Así que empecé a preguntarme si realmente conocemos el trabajo de la RAE y su peso en la lengua. Así que aquí va este artículo al respecto.

¿Qué es la Real academia de la lengua española?

Es una institución cuyo motivo de existencia, según rezan sus estatutos es: «velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad». Trescientos años de historia y la confección del Diccionario de la lengua española les avalan. Pero es cierto que existen otros diccionarios y que hay otras instituciones que también trabajan por el mantenimiento de nuestra lengua. Por ejemplo: la Fundación del Español Urgente, fundada para velar por el buen uso del español en los medios de comunicación o el Instituto Cervantes, que se dedica a la promoción y enseñanza de la lengua española.

Confeccionar un diccionario no me parece tarea fácil. Registrar los movimientos de una lengua viva, analizar qué palabras y qué giros nuevos surgen en los hispanohablantes y cuáles están en desuso, es un trabajo de titanes, pero creo también que el trabajo que se realiza no es lo suficientemente rápido para lo que crece la lengua. Pasa con los tecnicismos y neologismos a los que dediqué otro de mis artículos. Lo podéis leer aquí.

Dicen que una persona normal maneja un léxico de unas tres o cuatro mil palabras. Puede conocer alrededor de veinticinco mil si es muy culto, pero el conjunto de palabras del español es de unos cientos de miles y si sumamos las que forman parte del total de los hispanohablantes, es de unos cuatro o cinco millones. ¿Cómo se puede manejar tal cantidad de datos?

Bases de datos y consulta

Imaginaos lo difícil que es compendiar todo esto en los registros. Sin embargo, el diccionario que publica la RAE, es tan solo un resumen confeccionado gracias a las bases de datos que compila las entradas de nuestro idioma. De hecho, la institución maneja y mantiene dos bases de datos:

-CORDE: corpus diacrónico del español, o lo que es lo mismo, un conjunto de textos históricos para estudiar el uso de cada palabra a través del tiempo.

-CREA: corpus de referencia del espacio actual, es decir, un conjunto de textos de diversa procedencia almacenados en soporte informático con los que es posible el estudio y seguimiento de palabras, su significado y contexto en la actualidad.

Dicen las malas lenguas que teniendo estas bases de datos y el equipo de lexicógrafos e informáticos de la RAE, se podría confeccionar un diccionario mucho más moderno y acorde con el movimiento natural de la lengua, pero eso no lo diré yo.

Sí que es verdad que la entrada que figura en los diccionarios que manejamos en casa, ese dícese, suena bastante arcaico, ¿no?

Por otro lado, no es el único diccionario existente, uno de los más famosos es el confeccionado por Manuel Seco, académico de la RAE. Solo un dato, en la entrada «marrón», el diccionario de Seco, en una de sus primeras tiradas, ofrece más acepciones de las que acepta el diccionario de la RAE, como por ejemplo, el de sentido judicial o de culpa.

En 2010, la palabra gominola no estaba recogida en el diccionario de la RAE, pero sí en el diccionario general de Vox. Si lo consultamos en la actualidad, sí que figura como golosina blanda y masticable, pero no se incorporó hasta 2014.

Funcionamiento y consenso

La Real Academia Española funciona mediante el trabajo de comisiones que luego se expone para la aprobación de sus propuestas por parte del Pleno. El Pleno, formado por todos los académicos (gentes con un gran peso en la lingüística y reputado prestigio) se reúne durante el curso académico los jueves. Las resoluciones se adoptan mediante votación. Siempre hay disparidad de criterios, pero lo que vale es la mayoría. Por ejemplo, cuando se aprobó que palabras como fie, guion o fui no llevaran tilde porque son monosílabos, el propio Manuel Seco (sillón A) votó en contra de la medida.

En definitiva, la institución debe formalizar el uso común de los hablantes y para ello debe escuchar y leer a esos hablantes. Nosotros creamos, mantenemos y renovamos el lenguaje cada día. Ellos lo recogen, lo estudian y lo clasifican. No por no existir en su clasificación significa que algo esté mal, puede ser que aún no haya llegado a sus oídos… o bolígrafos. Este es el listado de los académicos que forman parte del Pleno:

¿Y qué podemos hacer nosotros, pobres mortales que intentamos expresarnos a través de la lengua? Me pregunto qué opinarían sobre la palabra que se inventó mi hija para describir la sensación de los Peta-zetas saltando en su boca: «chispichean». ¿Hay algún verbo que tenga el sentido pleno de lo que mi hija quería transmitir?

Bien, se necesita una norma que centralice y proteja un uso común de nuestro idioma. Debemos tener todos el mismo código para que la comunicación sea efectiva, eso está claro. Sí que es verdad que un código demasiado conservador dificulta la fluidez y el aprendizaje de este, así que quien normalice, debe hacerlo sabiendo qué es lo que se vive y se habla en la calle.

Mientras, ¿por qué no utilizar palabras que expresen ideas, sensaciones o acciones que no estén ya definidas con anterioridad? Simplemente debemos utilizar una grafía que indique que sabemos que esa palabra aún no está recogida oficialmente. Unas comillas angulares o la cursiva nos pueden servir.

Y nunca, nunca dejéis de jugar con el lenguaje. Nosotros somos los que le mantenemos vivo.

Por | 2017-04-28T10:13:47+00:00 19 abril, 2017|Ortografía y Gramática|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Nieves Muñoz
Nieves Muñoz nació un octubre de 1976 y desde siempre tuvo la necesidad de escribir, pero sus derroteros profesionales le llevaron a ejercer la enfermería en una unidad de cuidados intensivos pediátrica y neonatal. Comenzó escribiendo relatos cortos de varios géneros, porque es lectora de cualquier libro que caiga en sus manos y de mente inquieta, por lo que se atreve con casi cualquier cosa que pueda plasmar en un papel. En su página pueden leer parte de sus escritos.