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La acción narrativa, el motor de nuestro viaje

A raíz del último artículo que escribí, en las clases hemos estado hablando más a menudo que de costumbre del concepto de la ruta escénica y, por contraposición, de la naturaleza de la acción narrativa.

¿Qué es la acción?

Antes de empezar a hablar de la acción narrativa propiamente dicha, quizás sea importante hablar de lo que es la acción y en qué se diferencia la acción simple de la acción narrativa.

acción narrativaLa RAE define acción como el “ejercicio de la posibilidad de hacer”. Poniéndolo en términos simples, la acción es cuando alguien hace algo. Sin embargo, hoy no podemos evitar pensar en escenas donde los personajes corren, saltan, pelean o las cosas empiezan a estallar. La acción parece contraponerse al diálogo o al suspense.

Probablemente esto es así debido al mal uso de la terminología cinematográfica y narrativa por parte del público que no está familiarizado con la teoría que hay detrás del arte de contar historias.

¿Qué es el suspense?

En teoría narrativa el suspense es la anticipación que se crea en el lector (o espectador) respecto a un suceso que está a punto de ocurrir. Algo que probablemente provocará algún tipo de conflicto entre los personajes.

acción narrativaUn gran ejemplo de esto lo tenemos en la obra “De ratones y hombres” de John Steinbeck. Desde el principio de la novela sabes que uno de los personajes va a meterse en problemas. Al poco, el autor te da un par de indicios de lo que ocurrirá. Del qué ocurrirá, concretamente. Pero el lector no sabe lo más importante; el cómo y el por qué. Y eso es lo que te mantiene enganchado todo el tiempo hasta que finalmente todo se precipita.

¿Qué es la acción narrativa?

A grandes rasgos la acción narrativa es cuando los personajes hacen cosas en nuestra historia. No cualquier cosa, por supuesto. La acción narrativa es toda acción que mantenga la historia en marcha. Encontrar una pista en una trama de investigación puede ser acción narrativa. Una conversación en la que se confiesen sentimientos lo sería en una historia de amor. Y, claro está, una persecución a alta velocidad en un thriller, también sería acción narrativa.

La acción narrativa es lo que da al lector la sensación de que la historia está avanzando. El ritmo al que eso ocurra define el “tempo” de nuestra obra, desde el ritmo incesante del thriller hasta la cadencia tranquila de un retrato costumbrista.

¿Cómo gestionar la acción narrativa?

Es fácil hablar de ritmo, de suspense o de acción narrativa, pero no lo es tanto entender la dinámica que permite construir una historia con un bien ritmo.

Por eso hoy os voy a hablar de algo que a mí me ayudó mucho a comprender el funcionamiento de la acción en una historia: El ciclo de cuatro tiempo del motor común.

Me parece una analogía perfecta porque el objetivo del motor es mantener un eje en movimiento al igual que el objetivo de la acción narrativa es el de mantener nuestra historia avanzando. Si tenéis curiosidad de cómo funciona de manera mecánica un motor, la wikipedia tiene un artículo excelente. Yo me centraré en cómo adaptar esos conceptos a la teoría narrativa:

  1. Admisión: Para que un motor funcione necesita oxígeno que entra en él durante el primer tiempo del ciclo. Del mismo modo, para que se produzca el avance en la historia, necesitamos darle a nuestros personajes (y al lector) información. Antes de que ocurra nada, el lector debe tener claro el contexto en el que va a desarrollarse la acción. Un cómo y un porqué son esenciales.acción narrativa
  2. Compresión: El secreto del motor es que el aire que ha entrado debe comprimirse durante el segundo tiempo del ciclo hasta obtener unas condiciones adecuadas. Del mismo modo, se le debe dar a los personajes una motivación adecuada, unas circunstancias que faciliten o provoquen su movimiento. Para el lector esta es la fase que percibirá como suspense. Sabe que algo va a ocurrir, nota cómo la tensión aumenta y siente que quiere saber más.
  3. Combustión: La única fase en la que se genera trabajo en un motor es cuando se inyecta el combustible y este, debido a la presión, prende durante el tercer tiempo del ciclo. Del mismo modo, dadas las condiciones que hemos creado, los personajes se verán obligados a actuar de algún modo. Esta es la fase de “acción” para el lector, aquí es donde percibirá más claramente cómo la historia avanza.
  4. Escape: El último tiempo del ciclo es cuando el producto de la combustión es expulsado para poner iniciar un nuevo ciclo. En términos narrativos, es cuando mostramos al lector las consecuencias de lo ocurrido y lo empezamos a preparar para el siguiente tiempo de admisión.

Las diferentes escalas de los ciclos

Antes de continuar, quiero señalar una idea vital para comprender esta analogía de cómo avanza la narración; cada una de las fases está compuesta por acciones narrativas. Dar información al lector, colocar a los personajes de manera que vayan a cruzarse sus caminos o mostrar las consecuencias de un suceso, son acciones narrativas porque hacen que el “motor” se mantenga en marcha.

Porque aunque esta analogía puede usarse para describir también la dinámica de los conflictos principales de una historia, es a pequeña escala donde funciona mucho mejor. Un motor no funciona a grandes empujones, sino repitiendo su ciclo gran cantidad de veces para generar un movimiento constante. Y eso es lo que queremos en nuestra historia, que no haya grandes “vacíos” en los que no ocurra nada y momentos en los que todo se precipita, sino un desarrollo fluido que mantenga el interés del lector.

La acción narrativa debe ocurrir constantemente en nuestra narración. Un personaje va al banco porque tiene que sacar dinero para comprar un regalo. Otro está intentando convencer a un trabajador para que le conceda un préstamos. Un tercero está hablando con un amigo sobre la noticia de que alguien ha robado hace poco un gran cargamento de productos industriales. Cada una de estas piezas es una acción narrativa con sus propios cuatro tiempos. Y juntas forman el tiempo de admisión para el conflicto inicial de la historia; el atraco al banco.

Por definición las fases de admisión y escape pueden ser las menos atractivas, por eso es imprescindible compensar esa sensación que puede tener el lector. Un modo sencillo de hacerlo es coordinar las tramas de manera que cuando una esté en la fase de admisión, otra esté en combustión, por ejemplo. Pero es más interesante usar los conceptos que hemos visto de una manera más creativa. Nada nos impide que un ciclo completo (que será interesante y satisfactorio para el lector) sea una manera hábil de plantear el escape de un ciclo anterior.

Por | 2017-02-12T18:30:07+00:00 21 enero, 2017|Disección Literaria, Recursos Narrativos|Sin comentarios

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