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Japonismos: Eventos de Agosto

Estamos en agosto, un mes muy cargado en Japón porque convergen dos eventos a la vez, uno relativamente reciente y otro que tiene quinientos años de antigüedad.

El primer evento al que me refiero es triste y amargo para la historia de Japón y fue el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto respectivamente.

La peor parte se la llevó Hiroshima, donde se pulverizaron alrededor de 12km2 de la ciudad llevándose consigo 70.000 vidas instantáneamente. La destrucción podría haber sido mayor si el punto de detonación hubiera sido a mayor altura como tenían previsto como en Nagasaki, que sí pudieron detonarla a mayor altura, unos 470 metros pero a 3km del hipocentro previsto. La explosión quedó confinada al valle Urakami y la mayor parte de la ciudad quedó protegida por colinas cercanas, por ello suele hablarse más de lo que pasó en Hiroshima y se deja a un lado más lo que pasó en Nagasaki, cosa que por otro lado, enfurece bastante a la población Coreana ya que nadie cuenta las muertes de los esclavos coreanos que estaban trabajando allí, unos 2.000 de las 40.000 personas que murieron instantáneamente en la detonación. Yo creo que las víctimas son víctimas sean quienes sean porque aquí unos señores en un búnker manejaron a su gusto sin pensar en la población que hacía su vida normal como quien no quiere la cosa, ajena a sus tejemanejes, pero, eh, llamadme loca.

Todos los años tiene lugar una ceremonia en memoria de las víctimas en el parque memorial construido en torno al hipocentro de detonación de la bomba. Normalmente es televisada y tiene lugar a la misma hora que todos los relojes se pararon en Hiroshima ese día, las ocho y cuarto de la mañana.

En el mismo parque Memorial hay un museo que trata sobre todo de concienciar sobre lo sucedido en Hiroshima para que no vuelva a suceder nunca, el Museo Memorial de la Paz. Cualquier visitante con un mínimo de humanidad, sentirá cómo en su conciencia miles de engranajes y mecanismos tiran y chirrían dolorosamente al ver ciertas imágenes allí expuestas. El museo empieza enseñando un poco los datos estadísticos y técnicos con maquetas de cómo fue la explosión e incluso exponen la situación mundial en lo que se refiere al armamento nuclear para que tomemos conciencia.

La segunda parte es otra historia… Allí están los objetos donados por las familias de las víctimas con las historias que acarrean cada uno de ellos y es absolutamente demoledor. Por lo general al terminar la visita, se oyen susurros de llanto y sollozos, incluso hay gente que no es capaz de terminar de ver esta parte del museo. Imágenes que me acompañarán mientras viva serán la del triciclo oxidado con su casquito diminuto que un padre desolado había enterrado con los restos de su hijo y esa caja de bentō calcinada cuyo dueño había protegido hasta la muerte porque en esa comida estaban los productos de la tierra que había trabajado durante meses.

EventosPodría hablar mucho más sobre esto pero creo que algunos lectores ya han empezado a llorar con lo del triciclo y quiero que se tomen un respiro para cuando llegue el tema literario que conecta con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que es la obra de Akiyuki Nosaka, “La Tumba de las Luciérnagas”.

Muchos lectores conocerán esta obra por la película de Ghibli del mismo nombre con escenas desgarradoras sobre la guerra donde dos niños pierden a su madre en un bombardeo y viven las miserias de la guerra. Bueno, pues si la película os ha parecido triste, desgarradora y deprimente, creo que dulcifica excesivamente lo que se muestra en el libro porque el autor no tiene ningún reparo en mostrar los sucesos tal y como sucedieron. Apuntar que Nosaka, nacido en 1930, fue adoptado por una familia de Kōbe donde vivió los bombardeos que describe en su novela, posiblemente aquí haya más datos autobiográficos de los que creamos.

En España, Acantilado editó hace años este título junto a “Las Algas Americanas”, otro título del mismo autor cuyo tono y temática dista un poco de lo que se muestra en “La Tumba de las Luciérnagas” pero que sin embargo está colocada con una clara intencionalidad de continuidad histórica ya que es una novela ambientada en la postguerra con un tono más bien humorístico.

Por último y cambiando un poco de tema, hablemos del segundo evento de importancia en Japón estos días de agosto que es el O-bon.

EventosAunque su fecha es variable… ¡Queridos lectores, estamos en el O-Bon! Ya que suele celebrarse entre el 13 y 15 de julio y dura 3 días. Sí estás en Japón esos días te darás cuenta de lo importante que es esa festividad y no tanto por el valor religioso que se le da, yo creo que es lo de menos, de lo que más se habla es de volver al furusato. ¿Pero qué lugar es ese? No sé muy bien cómo definirlo pero en términos de esta festividad, tiene relación con el lugar donde se hallan tus antepasados porque es a donde van a volver para hacerte una visita.

Los espíritus guiados por la luz de las linternas que se encienden en todo el país en ríos, playas y toda corriente que fluya al mar, van y vienen hacia el mundo terrenal para visitar a sus descendientes y ver cómo les va en esta vida pero vuelven al furusato, que es el lugar que conocen, su hogar. Por esto, hay muchos días de vacaciones durante el O-bon, se facilita que la gente vuelva a sus furusatos para reunirse con las familias y hasta hacen excursiones para adecentar las tumbas familiares.

Una de las cosas que más impacta es el Gozan no Okubiri o para abreviar y que los extranjeros no nos volvamos locos, la ceremonia del Daimonji. Tiene lugar en Kioto como culminación de esta festividad y sirve para que, mediante el fuego, los espíritus encuentren su camino de vuelta al mas allá.

Daimonji significa literalmente “ideograma/caracter grande” y normalmente lo llamamos así porque en las colinas que rodean la ciudad, se dibujan con pequeñas hogueras de fuego estos ideogramas. Sin embargo, sólo uno de estos caracteres es el Daimonji y es el que significa “grande”.

Se pueden ver desde muchos puntos de la ciudad e incluso puedes ir moviéndote para verlos desde distintos puntos aunque un año lo intentamos y no nos dio tiempo a llegar antes de que se apagaran por la cantidad de gente que suele haber para asistir a tal evento.

De todos modos, en cualquier barrio o en torno a los templos locales siempre hay un matsuri (fiesta tradicional con puestos de comida callejera y juegos) o se celebra un Bon odori que es un festival de danza tradicional donde estás un buen rato bailando una coreografía aparentemente sencilla que yo fui incapaz de pillar y entre medias, también puedes coger alguna cosilla en los puestos de comida cercanos, en las fiestas japonesas otra cosa no, pero puestos con cosas deliciosas en abundancia y variedad.

Por | 2017-09-04T09:39:10+00:00 4 septiembre, 2017|Japonismos|Sin comentarios

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