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Japonismos – Hiromi Kawakami

Lo prometido es deuda y como ya os adelantaba en el artículo del mes pasado, este mes voy a hablar de Hiromi Kawakami y de dos de sus historias más conocidas en nuestro país que, coincidiendo con el tema de la revista del Taller de Factoría, son de temática romántica.

Comencemos hablando un poco de la autora:

Hiromi KawakamiHiromi Kawakami nació el 1 de abril de 1958 en Tokio y estudió ciencias naturales en la universidad de Ochanomizu. Ahora que lo pienso, con este dato, muchas cosas que leo en sus novelas acerca de las tabernas y los bares cobran sentido. Hoy en día, por aquella zona, hay ciertos locales que me recuerdan a los escenarios que describe en sus novelas. Afortunadamente para nosotros, poco ha cambiado desde entonces y desde la estación, cerca de la universidad, hay una ruta interesante de sitios donde degustar y disfrutar de lo más tradicional que aún puede ofrecer Tokio.

Después de graduarse, fue profesora de biología mientras publicaba bajo el seudónimo de “Hiromi Yamada” en la revista NW-SF.

No fue hasta 1994 cuando su primera novela vio la luz, “Kamisama” (Dios) y a partir de ahí despegó recibiendo numerosos premios por sus obras como el prestigioso Premio Akutagawa de novela o el Premio Tanizaki entre otros.

La primera novela que leí de Kawakami fue “El Cielo es Azul, la Tierra es Blanca”.

No sé de quién fue la decisión de cambiar totalmente su título original al traducirlo al castellano pero en realidad se titula “El Maletín del Profesor”, lo cual tiene muchísimo más sentido cuando lees la obra pero ¿quién soy yo para llevarle la contraria a los maestros del marketing?.

La protagonista, Tsukiko Omachi es una mujer de treinta y ocho años, solitaria, inmadura, que se para en el bar de la estación día sí y día también. Un día, así de casualidad, se encuentra con su viejo maestro de japonés del instituto, Harutsuna Matsumoto, un señor ya talludito que rondará los setenta si no los ha cumplido ya. Y a partir de ahí parece todo muy de casualidad pero, en realidad los dos se buscarán y así comenzará, poco a poco, un romance muy sosegado con sus altibajos.

La novela está narrada en primera persona por su protagonista, Tsukiko, quien cuenta los hechos varios años después de que hayan sucedido con un tono delicadísimo y sobre todo, melancólico. Posiblemente, para el gusto de muchos lectores, el ritmo sea exageradamente lento pero la historia está muy bien hilada y ayuda que la narración sea lineal. Además, sus minuciosas descripciones te transportan a aquellos escenarios que mencionaba unas líneas más atrás y el lector puede sentirse transportado a aquellas tabernas de Tokio donde transcurre la acción.

Lo más destacable de esta novela es que, parece que es un devenir de acontecimientos cotidianos, un desafío a la lógica de la narrativa por la cual todos sabemos que siempre tiene que pasar algo y si no, el lector se aburre y lo deja. Aquí aparentemente, a penas pasa nada y son innumerables los silencios pero hay algo que te atrae con fuerza a seguir leyendo y aquí creo que radica el mérito de la autora porque no utiliza las herramientas habituales para atrapar al lector.

Esta novela cuenta con una adaptación cinematográfica y una adaptación al cómic dibujada por el recientemente fallecido Jirō Taniguchi del que hablamos hace un par de meses en esta misma sección. Por cierto, lo gracioso es que esa adaptación al cómic en España se publicó con el nombre de “Los Años Dulces”, por si os interesa conseguirla… tanto baile de nombres no sé para qué.

Por otro lado “Algo que brilla como el mar” es distinta, se desarrolla en el Japón del presente pero está plagada de flashbacks. Lo típico de “Cualquier tiempo pasado fue mejor” o esa nostalgia que se despierta a tenor de ciertos acontecimientos traumáticos que convulsionan sus vidas en la actualidad.

Los protagonistas son lo mejor de cada casa: Midori Endo digamos que es el normal en toda esta historia y vive en casa de su abuela con su madre soltera, Aiko… hasta que hemos leído lo de la madre soltera, si no estuviéramos en una sociedad japonesa, todo estaría más o menos bien con respecto al pobre Midori. ¿Qué suele suceder aquí? Pues que siempre viene el novio de la madre, un señor llamado Otori que dice “Ancha es Castilla” (en este caso “Ancho es Kansai”) y hace lo que le da la real gana. Por lo visto es el padre biológico de Midori y se cree con todo el derecho pero el conflicto está en el tema de que ha aparecido de repente, nunca ha estado allí y Midori dice: “¿Mi padre? ¿Tú?”. Por que un padre no es sólo el que pone la semillita.

Por otro lado tenemos a Hanada, un chiquín con cuerpo de quarterback que quiere travestirse el pobre. Según él es por “Fundirse con la sociedad” y sentir el desprecio de ella en primera persona. La verdad es que no entiendo esta motivación pero oye, cada loco con su tema y tú mismo con tu mecanismo.

Luego tenemos a Mizue, la chica enamorada de Midori que se siente despreciada… A ver, otra que tal baila… Si no haces nada pues Midori tampoco es adivino y el chico se le ve que tiene menos luces que los coches de choque. Esta es de las que se inventa estar en la tan de moda “friendzone” para vivir en el más absoluto victimismo.

Escrita en un tono muy diferente a la anterior, es una obra muy interesante, sencilla y amena. La recomiendo a los lectores que no están muy iniciados en historias excesivamente profundas en el terreno emocional como la anterior.

Y esto es todo por este mes, me despido adelantando que el próximo artículo quiero tratar un tema diferente coincidiendo con que es agosto y todos los agostos nos toca el aniversario de la del lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Creo que sería ideal hablar un poco de algunas de las obras inspiradas por esta devastadora tragedia y sobre todo de “La Tumba de las Luciérnagas” que fue escrita por el premio Nobel Akiyuki Nosaka.

Por | 2017-08-02T10:43:14+00:00 25 julio, 2017|Japonismos|1 comentario

Acerca del Autor:

Isabel Briones

Este ser que aquí escribe, nació el 26 de noviembre de 1979 en Madrid y fue arrastrada a tierras del norte de las que jamás volvió, pero desde las que emprendería numerosas aventuras hacia el país del sol naciente, en su afán por conquistar la ancestral sabiduría de esa compleja civilización.
Mientras no viajaba, estudiaba Bellas Artes para llenar su trocito del mundo de colores vibrantes y donde descubrió, en la etapa de postgraduada, mientras realizaba el master de Libro Ilustrado y Animación, que quizá sabía escribir algo más que su nombre completo.
Después de realizar algunos cursos de escritura, ya que estaba, se lió la manta a la cabeza y completó el Master de Guión de Cine y Televisión del Instituto de Cine de Madrid.
Actualmente sigue con su labor creativa como diseñadora gráfica y mercenaria en general ya que, a parte de dar clases de japonés y dibujo, es traductora freelance.