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Entrevista a David B. Gil

Lo bueno se hace esperar y sé que lleváis mucho tiempo esperando otro artículo en esta sección, pues bien: este no os va a decepcionar en absoluto porque hoy traigo una entrevista con un autor español con una gran novela de aventuras sobre el Japón de la era Edo.

Os lo presento, se trata de David Gil, uno de estos genios que ha dado mi generación, la del 79, licenciado en Periodismo y postgraduado en Diseño Multimedia. En su currículum hay cosillas interesantes como el hecho de haber publicado artículos para DC Comics en España y Latinoamérica, lo que a los frikis nos encanta, pero además está el hecho de que se lanzó a auto publicarse con esta misma obra que comentamos ahora y que ahora sale con la editorial Suma.

El Guerrero a la Sombra del Cerezo es la única obra auto publicada que ha recibido el premio Hislibris de Novela histórica y además fue finalista al Premio Fernando Lara.

Creo que no sólo por el currículum del autor o los premios que ha recibido si no porque yo misma os digo que se trata de una gran novela de aventuras, a todos los que os apasiona la cultura japonesa, os encantaría leer esta novela. Realmente te transporta a ese mundo, a los escenarios donde se desarrolla. He visto castillos, he visto las orillas del lago Biwa o la ciudad de Fukui, incluso he sentido mis pies sobre el tatami mientras acompañaba a los personajes por las estancias con ese olor a madera tan característico.

David Gil ha conseguido una novela auténtica pero ¿cómo? Eso me pregunto yo… Ahora nos lo va a contar.

I: Ante todo, debo advertirte que esta no va a ser una entrevista como “normal” ¿estás preparado?

D: ¡Siempre!

I: Muy bien, vamos a empezar por la pregunta que a todos los aficionados a la cultura japonesa nos hacen, ¿cómo empezó todo? ¿cómo empezó tu interés por la cultura del País del Sol Naciente

D: A veces es difícil establecer un momento cero. El interés venía desde muy pequeño, supongo que se fue despertando poco a poco del anime, el manga y los videojuegos, pero sí tengo claro que, en lo literario, todo comenzó cuando cayó en mis manos el primer volumen de la trilogía Musashi de Eiji Yoshikawa, que aquí publicó Martínez Roca. Tendría trece o catorce años, y descubrir el Japón histórico retratado en la obra de Yoshikawa, tan extraño, desconcertante y fascinante a un tiempo, me marcó como lector. A partir de ahí comencé a leer todas las traducciones que encontraba de autores japoneses, desde Yukio Mishima a Kazuo Koike.

I: En el libro veo muchas influencias, inspiraciones de escritor, incluso me acordé de un anime de hace muchos años que se llamaba “Ninja Scroll” en el que la protagonista se parecía bastante a la dama Sakura. Háblanos un poco de tus fuentes ¿cine? ¿Literatura? ¿Animación japonesa?

D: Todas. Cuando escribes una obra de ficción, todo lo que has consumido entra en juego. Reinterpretas las historias que te apasionan, que te inspiran, y acaban apareciendo en tu texto; a veces de forma más consciente y otras de un modo que te pasa por completo inadvertido. El guerrero a la sombra del cerezo es, ante todo, una novela de aventuras, y como tal bebe mucho de la literatura popular japonesa y el seinen manga. Hay referencias a la obra de Eiji Yoshikawa, a clásicos como El lobo solitario, Lady Snowblood o Asa, el Ejecutor, al cine más reciente de Yoji Yamada o Takeshi Miike y a los animes de la productora Mad House (me alegro de que hayas captado los guiños a Ninja Scroll). Pero, al mismo tiempo, también es una novela histórica que pretende hacer un retrato fidedigno de un país y una época; está muy documentada a nivel de costumbrismo y hay un ejercicio consciente por rehuir los tópicos que en Occidente asociamos a la época. Creo que el lector descubrirá un Japón más complejo, con más matices, el Japón tradicional que añoraban Yukio Mishima o Junichiro Tanizaki, el Japón que se describe en el cine más sobrio de Akira Kurosawa o, yéndonos a los orígenes, el Japón de los diarios de viaje de Matsuo Basho y de los grabados de Hiroshige.

I: Otra cosa que me parece curiosa es que has decidido dejar los nombres de muchas cosas sin traducir o sin explicar a pie de página, y luego, al final del libro, has incluido un glosario ¿cómo surgió la idea?

D: Más que una idea, fue una necesidad. Mi intención era escribir una novela 100% japonesa, protagonizada por japoneses, desestimando la visión del extranjero que siempre se emplea en la literatura sobre Japón escrita desde occidente. Eso requería que mis personajes usaran palabras japonesas de un modo natural. ¿Cómo decidí que expresiones usaba en japonés y cuáles traducía? La norma que me puse fue mantener la voz original en aquellas palabras que no tuvieran una traducción directa al español. Por ejemplo, no tenía sentido que un samurái llamara “pantalón holgado” al hakama, una prenda tan característica de la casta guerrera; o suicidio ritual al seppuku. Del mismo modo que no tendría sentido que los personajes se expresaran en unidades métricas occidentales, o que no emplearan la división horaria que se utilizaba en el Japón feudal, por más extraño que nos suene lo de “la hora del buey” o “la hora del perro”. El objetivo era utilizar estas expresiones y palabras de modo que el lector no se perdiera en la lectura, y creo haberlo conseguido. A muchos lectores les ha gustado conocer estas palabras, familiarizarse con ellas hasta el punto de que la tercera vez que aparecen ya no necesitan mirar el glosario o la nota al pie.

I: A raíz de esto del vocabulario… ¿Has pensado en estudiar japonés alguna vez en tu vida?

D: Es curioso que muchos lectores dan por sentado que sé japonés, cuando lo cierto es que mi japonés apenas me alcanza para manejarme en un restaurante. Afortunadamente, he contado con la ayuda de amigos japoneses que han tenido la paciencia y la dedicación de buscarme desde Japón la información que yo no era capaz de conseguir en español o inglés. Nunca me cansaré de darles las gracias.

I: En verdad te digo por sufrirlo en carnes propias, que ponerse a estudiar japonés es meterse en arenas movedizas… (oh, querido Tanizaki…)

Cambiando de tema, la documentación histórica es brutal, hay detalles muy minuciosos sobre la vida cotidiana de la época, vamos, que podrías poner a Seizō a hacer un tutorial de YouTube de cómo hacer sandalias de pobre (waraji). ¿Cómo te documentas para todas estas cosas? Porque lo de los pesos y medidas también es tremendo.

D: Pues con mucha paciencia y una pizca de obsesión. El problema no fueron los elementos históricos y culturales “relevantes”. Batallas, personajes históricos, estilos arquitectónicos, tácticas militares… Todo eso es relativamente accesible, está recogido en los libros de Historia. El problema era la infinidad de elementos cotidianos que conforman el costumbrismo de la sociedad que quería describir: qué se comía y cómo se preparaba, cuál era la técnica de cultivo del arroz, cómo vestía cada clase social, cuáles eran los nombres de pila habituales en la época según la casta a la que se perteneciera, con qué se limpiaban el pelo, los dientes… Un enorme mosaico de conocimiento fragmentado muy difícil de averiguar, innecesario para la narración de la historia, si se quiere, pero, desde mi punto de vista, fundamental para crear un trasfondo rico y verosímil para el lector. He de decir, no obstante, que he tenido mucho cuidado de no incurrir en el infodumping: no he mostrado información por el mero hecho de conocerla o haberla investigado, todo lo que describo es relevante para la historia que estoy contando o para dar consistencia al trasfondo de los personajes.

I: Y al hilo de la historia donde entran nuestros vecinos los portugueses, que llevaron los rebozadillos ricos tempura y los caramelos confeito (compeito) a Japón… aquí también hablas de los adelantos médicos. No me puedo resistir a comentar ese momento de experimentación de Ekei con las drogas… Es un personaje curioso ¿no?

D: Ekei Inafune es uno de los dos protagonistas de la historia, un médico errante que ha entrado en contacto con la medicina de “los bárbaros occidentales” a través de los hospitales fundados por los misioneros jesuitas al sur de Japón. Es un hombre pragmático, más abierto de mente que sus contemporáneos, probablemente por su peculiar pasado, y eso le hace reconocer que algunas de las técnicas empleadas por los extranjeros son, ciertamente, superiores a las de la medicina china y japonesa. Su carácter descreído y un punto rebelde, su convicción de que “cualquier milagro se desvanece cuando se alarga la mano para tocarlo”, le ayudará en algunos momentos, pero también le traerá no pocos problemas. Personalmente, es un protagonista que me encanta, muy atípico, y en torno a él gira la parte más de género negro de la novela, esa parte de suspense e investigación que tanto ha gustado a muchos lectores.

I: Seizō… ¿Qué me dices de Seizō? ¿Por qué le odias? Yo adoro a ese crío y he de decir que muchas veces, al leer su historia he pensado: “Oh, yo también he pringado igual”. Sin embargo, se ve una gran evolución en el personaje, háblanos un poco de él. #todossomosseizo

D: Seizō Ikeda es el otro protagonista de la novela. Al comienzo del relato es un muchacho de 9 años, hijo del señor gobernante de la provincia de Izumo, que ve cómo su vida es arrasada en una sola noche. La ley y la tradición dictan que él, único superviviente de su casa, deberá acometer la venganza en nombre de toda su familia. Pero a su edad, abrumado por la situación, solo es capaz de sentir dolor y desesperanza. No hay en él atisbo de odio, no es una persona vengativa. Y eso es lo que más me interesaba del personaje, contar esa historia de venganza tan inusual, la de una persona que se ve abocada a un largo camino de venganza porque la tradición así lo dicta, no porque lo mueva el sentimiento de odio que suele alimentar las historias de este tipo que conocemos. ¿Os imagináis lo que debe ser eso? ¿Que te eduquen y te preparen para una venganza que no deseas llevar a cabo? Seizō solo aspira a poder elegir sus pasos en la vida.

I: Me consta que has estado por las tierras del sol naciente ¿has visitado alguno de los paisajes que describes en tu libro?

D: Sí, la primera vez que viajé tras escribir la novela pude recorrer muchos de los paisajes y localizaciones que aparecían en la historia. En un principio tenía interés por saber si había cometido errores de documentación o en las descripciones, pero cuando estuve allí casi me olvidé de todo eso, quedé maravillado por la potencia evocadora que tienen aún hoy día las zonas rurales del país. Fue muy emocionante recorrer los caminos, las hospederías y las aldeas que previamente habían recorrido mis personajes, una experiencia difícil de explicar.

I: Hablemos de artes marciales y de esas exhibiciones que ha habido en las presentaciones: Del fuet al maestro de kenjutsu. ¿Qué habéis estado haciendo por ahí? ¿Qué hacia Carlos Bassas todo preparado y armado en medio de la Casa del Libro de Madrid dando miedo?

D: Vaya por delante que apenas sé nada de kenjutsu ni de esgrima japonesa, lo mío siempre ha sido el jiujitsu y el taekwondo. Cuando empecé a trabajar en la novela, comencé a leer manuales de kenjutsu e iaijutsu (técnicas de desenvaine), y al principio incluso me planteé utilizar los nombres japoneses de las distintas técnicas de corte. Pero pronto comprendí que aquello era la mejor manera de confundir al lector y sacarlo de la lectura, así que me quedé con la esencia, con el concepto de lo fugaces que eran estos duelos, y me dediqué a ver docenas de vídeos y a analizar combates con katana en películas de Akira Kurosawa, que tenían una recreación más sobria y realista de cómo eran este tipo de enfrentamientos. Al final los combates que aparecen en la novela tienen como prioridad resultar entretenidos para el lector, emocionantes, pero sin perder la perspectiva de que estos duelos no son tan largos ni espectaculares como en el cine actual. En ese aspecto, Carlos Bassas, que además de escritor y profesor de esta casa, es practicante de kenjutsu desde hace muchos años, me lleva mucha ventaja. Tuvo a bien explicar los fundamentos de la esgrima japonesa en la presentación que hicimos del libro en Madrid.

I: Esto llega a su fin. Te doy las gracias por haber aguantado todo el interrogatorio pero, una última pregunta, ¿tienes algún proyecto en mente ya en el horno? ¿Alguna cosilla más relacionada con la cultura nipona?

D: Sí, en mi próxima novela regreso a Japón, será una novela de investigación y aventuras con las misiones jesuitas de telón de fondo histórico. Creo que a los lectores de El guerrero a la sombra del cerezo les va a gustar.

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Pues a la espera me quedo deseando leer sobre un tema tan interesante sobre el que han tratado otros autores como Suzaku Endo en “Silencio” de cuya adaptación cinematográfica se encargó Scorsese.

Y me despido hasta el mes que viene (esta vez sí) donde me gustaría hablar sobre Hiromi Kawakami, una autora que, si os gusta la novela romántica de calidad, deberíais conocer.

Por | 2017-06-29T10:25:34+00:00 22 Junio, 2017|Entrevistas, Japonismos|Sin comentarios

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