.

En un mar de manuscritos

Debo hacer una aclaración ante de empezar con el artículo: Todo lo que escribo a continuación es en base a mi experiencia (la cual es muy poca) y en el casi nulo conocimiento que tengo al respecto, por tanto, será una opinión simplista de una persona que intenta ser escritor pero que, por ahora, está muy alejado de la meta. Daré mi opinión como un escritor novato que apenas se está sumergiendo en este mundo literario, que va aprendiendo, que se va encontrando con cosas que antes desconocía y que se va dando de topes con la realidad.

Siendo un escritor, hay una pregunta que ha rondado mi cabeza en más de una ocasión: “¿Para quién escribo?” La respuesta frecuente es “para mí”, pero no puedo negar que existe el deseo constante de que me lean, ya que escribir algo y “guardarlo en un cajón” no me satisface del todo, necesito compartirlo con alguien. Pienso que al igual que yo, muchos tienen ese impulso de difundir lo que escriben. Creo que es algo que casi todos los escritores tenemos en común, ya seamos novatos o profesionales de años.

marPara mí escribir es algo intimo que debe ser compartido. Escribir es hacer una carta abierta para todos aquellos quienes quieran darnos la oportunidad de contarles nuestras historias. Creo que por eso tratamos de mejorar, pues queremos provocar emociones, porque es innegable que buscamos causar algo en los demás. Somos como amantes que pretendemos dar caricias y besos para despertar el deseo. Buscamos llegar a los demás, tocarlos con nuestras palabras y provocar cosas con nuestros relatos. Supongo que es algo inherente al escritor, o por lo menos así es para mí, pues desde que escribo, es un impulso que no he dejado de lado; en cuanto termino una historia quiero que la lean, que me den una opinión, que llegue a tanta gente como sea posible, aunque duela a veces escuchar una crítica dura. Así aprendo, así me alimento y vuelvo a llenarme de cosas para seguir escribiendo.

Todo eso me lleva a un punto, al medio de difusión. Para ello hay muchas posibilidades, cosas que poco a poco he ido descubriendo. Existen revistas físicas y digitales, antologías, concursos, premios, blogs personales, blogs de escritores, páginas de escritores, periódicos especializados, páginas para vender nuestros cuentos en formato digital e incluso hay lugares donde puedes mandar hacer tus propios libros. Es claro pues que ahora hay más medios para poder compartir lo que escribimos, pero eso no garantiza que tengamos la difusión que queremos, pues debido a la gran cantidad de alternativas que hay, nuestros relatos y obras se pierden en ese mar inmenso de publicaciones. Entonces el escoger alguna de las posibilidades se vuelve algo abrumante y terminamos por perdernos. Así me  pasa a mí. Me siento como si estuviera de pie ante un bosque inmenso lleno de caminos y senderos sin saber realmente cual escoger. Quiero entrar a ese bosque, conocer sus secretos, pero desconozco el camino correcto. Incluso creo que hay vías que todavía no logro visualizar, y eso me hace sentir más desorientado aún. Lo que he hecho hasta ahora es ir por lugares conocidos, por sendas que son más seguras sin meterme de lleno a ese inmenso mar de árboles que hay delante de mí, pues creo que el mundo editorial es uno muy competitivo, donde solo algunos logran destacar del resto. Poder sobresalir es algo complicado, incluso con la gran calidad que algunas obras tienen, por eso grandes novelas suelen pasar desapercibida y olvidadas ante los escritores de las ligas mayores.

La primera opción cuando pensemos en publicar, son las editoriales, esas compañías que se encargan de arriesgar su dinero para divulgar nuestra obra y que hacen todo ese trabajo de buscar los lugares para difundirlo y venderlo. Pero seamos realistas, no es fácil llegar a ellas. Reciben tantos manuscritos al año que es casi imposible que podamos pasar el filtro. La gran mayoría se quedan estancadas en un escritorio y perdidas entre la multitud. Entonces seguimos con la siguiente opción, los concursos. Es una buena elección, pero al igual que con las editoriales, hay gran cantidad de trabajos y solo algunos son los premiados, por lo que muchos se quedan fuera. ¿Qué nos queda, entonces? Pues todo lo demás, pero como dije, es tan abrumante todo eso, que nos quedamos en una zona de confort de la cual es difícil salir. Tenemos un mundo de posibilidades, pero es tan grande el miedo que tenemos que no lo vemos, o mejor dicho, nos lo empleamos adecuadamente.

No obstante, a pesar del miedo, debemos pensar en ello, porque es tan importante el medio como el mensaje, pues si no tenemos un medio adecuado para llegar a quien quieran leer nuestros relatos, por más buenos que sean, no explotaremos completamente su potencial. Creo que eso nos pasa a todos, novatos y profesionales. Nuestras historias son como un cumulo de estrellas que resplandece en el firmamento, rondando alrededor del universo esperando a ser descubiertas. Por eso es indispensable elegir una plataforma adecuada a nuestras necesidades, para poder ponerlas a la vista de aquellos que miran hacia arriba buscando alguna estrella a la cual observar, pero si están demasiado lejos, no las verán. Por eso creo que no basta con solo escribir bien, pues aunque una estrella brille con intensidad, si está lejos de la vista, será como una estrella más.

Por | 2017-08-29T11:21:20+00:00 2 agosto, 2017|Autoedición, Psicología del Escritor|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Raul Veliz
Raúl Véliz Salas (Durango, Mx, 1981) es licenciado en Administración de empresas y terminó la maestría en administración de negocios.