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El agobio de terminar

Hay algo común entre algunos escritores, la sensación de agobio cuando están en las últimas páginas de un manuscrito. Le han dedicado meses, a veces años enteros de su vida y cuando llegan al final están hartos, de pronto les entra la prisa, quieren acabar de una vez y olvidarse. Escribir se convierte en una lenta agonía que convierte esos párrafos finales en una tortura y lo único que apetece es acabar, quizás para descansar un poco de tanto estrujarse la cabeza o porque ya les ronda un nuevo proyecto, algo menos manido de lo que les parece el que aún tienen entre manos. A veces el final de un manuscrito va acompañado también de cierto miedo, aparecen las dudas, la inseguridad, el temor a que nuestro trabajo no sea publicado. Las cartas de rechazo de las editoriales, o peor aún la falta de respuesta de las mismas, dejan de ser algo de lo que no hay que preocuparse para convertirse en una posibilidad aterradoramente cercana. Es el momento de la verdad, el punto y final al proceso de escritura es también el primer paso se otro proceso, el de intentar publicar. Es el momento de dejar de soñar para confrontar la realidad. Y la realidad no suele tener piedad.

 

Sin miedo, sin prisa.

 

En realidad, cuando se tiene la suerte de no tener que responder a un plazo de entrega, lo mejor es entender que un manuscrito pasará por cuatro fases: planificación, escritura, corrección y edición. Cada fase tiene su ritmo y su tiempo. Escribir con la mente puesta en la edición y con la idea de que una novela que no se publica es un fracaso o una pérdida de tiempo es un error común. Lo cierto es que aprendemos de cada palabra que escribimos. Escribir con prisa por presentar un manuscrito puede hacer que pensemos que la corrección no es importante, a fin de cuentas es un proceso tedioso y releer lo que hemos escrito puede hacer que nunca estemos al 100% satisfechos de nuestro trabajo, frustrarnos y hacernos pensar que nos hemos embarcado en un proceso interminable. Así que lo mejor es olvidar la prisa, Tolkien tardó dieciséis años en escribir “El Señor de los Anillos”, casi el mismo tardó Victor Hugo en acabar “Los Miserables”. El proceso de escritura de “Orgullo y Prejucio” le llevo a Jane Austen casi diecisiete años, en los que escribió también “Sentido y Sensibilidad”. Los tres describían su trabajo como una prueba de paciencia, dedicación y constancia, algo que los satisfacía y les servía para dar rienda suelta a su imaginación y su impulso creador.

Olvidar las expectativas y volcarse completamente en el proceso de escritura es liberador, cierto que hay escritores increíblemente veloces (y encima son buenos), pero no ser de ese tipo de escritor no es nada malo. Estar en las últimas páginas de un manuscrito no es motivo para correr, al contrario, es momento de detenerse y darle el mejor acabado posible.

 

Correcciones interminables.

Si habéis hecho los deberes con la planificación llegados a este punto la corrección debería limitarse a dar algunas puntadas al estilo y hacer un repaso de la ortografía y la gramática. La parte buena es que no tienes por qué hacerlo solo. Puedes contar con alguien que te eche una mano, ya sea voluntaria o contratando a un profesional. Hagas lo que hagas debes tener en cuenta que es posible que no te quedes satisfecho, por mucho que repases siempre creerás que queda algo por mejorar. No te atasques en una corrección eterna, hay que saber parar. Usa esas ganas de superarte y todo lo aprendido en tu próxima novela. El camino es ir mejorando manuscrito tras manuscrito.

 

Edición, edición

Si decides enviar tu manuscrito a editoriales, ármate de paciencia. La mayoría de las editoriales son lentas en contestar (cuando contestan). Las cartas de rechazo pueden ser demoledoras, pero muchos grandes escritores las recibieron, no desistir es una cualidad admirable. Espera lo mejor, prepárate para lo peor es un buen lema si no quieres desesperarte. La auto publicación puede parecer una opción más inmediata, pero requiere mucho trabajo y constancia por parte del autor. Ningún camino es sencillo, asegúrate que escoges algo con lo que te sientas cómodo y prepara una estrategia que lo hago lo más efectivo posible y no olvides que para que un libro se publico no solo influye la calidad, entran otros muchos factores que quedan fuera de tu control, desde la suerte hasta las leyes de mercado. Pensar que el éxito o el fracaso de tu manuscrito dependen exclusivamente de ti es muy ingenuo y puedo causarte muchos sinsabores. Disfruta cada pequeña victoria y sigue adelante.

Decidas lo que decidas no olvides que la escritura debería ser, ante todo, un modo de disfrutar. Algo que haces pese a todo porque te gusta demasiado como para dejarlo. Y llegados a ese punto el hecho de ser capaz de terminar un proyecto ya será una recompensa inmensa.

 

 

Por | 2017-05-17T10:16:56+00:00 8 Mayo, 2017|Psicología del Escritor|Sin comentarios

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