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Cadena de valor y procesos en la literatura

En el artículo anterior hacía mención sobre los cambios en la cadena de valor que la industria editorial ha tenido, derivado del progreso en la tecnología y el enfoque del mercado en la actualidad. Sin embargo, creo conveniente profundizar un poco más al respecto, ya que la calidad y cantidad del contenido literario se ha estado afectando a partir de esas modificaciones.

Como primer punto, es necesario que definamos con claridad el concepto de cadena de valor y su diferencia con el proceso productivo, pues aunque son definiciones similares, el impacto en los resultados es tremendamente distinto.

Un proceso productivo se puede definir, con palabras simples, como los elementos que intervienen para que un producto o servicio llegue a las manos del consumidor, teniendo como punto inicial su creación. Entendido de esta manera, podemos decir que las partes del proceso en la industria editorial son: la creación literaria, la conexión con el mundo editorial, la edición, la impresión, la distribución, la exhibición y la venta.  Cada una de estas partes tiene sus propios agentes que participan de ella de manera directa, por ejemplo: para la creación literaria, es necesario uno o varios escritores, y para la distribución y venta, se encargan las librerías o portales de internet. Los elementos de un proceso productivo parecieran actuar solos, cada uno enfocado a sus propias metas, y  que, aunque las acciones de un elemento puede afectar a los otros, no hay un trabajo conectado.  En cambio, la cadena de valor es más que solo la sucesión unida de los elementos, sino que cada agente actúa como parte de un todo, donde todas están interconectadas y existe comunicación y concordancia. En la cadena de valor, cada parte de los elementos aumenta la valía final del producto.

Viéndolo desde el enfoque tradicional, el proceso productivo encarece a la obra con cada elemento que se transita, aumentando el precio final. De esta manera, podemos observar el porcentaje que cada agente se lleva del costo del libro: El autor el 9%, el agente literario el 1%, la editorial 30%, las distribuidoras el 30%, y el punto de venta el 30%. Cuando lo analizamos, pereciera un poco injusto, pues el autor, quien es el que aporta la parte “artística” del producto, recibe un porcentaje muy bajo, solo por encima del agente literario.

Incluso para el lector suele no ser muy bien visto los costos que se generan de esta manera, y es por ello que, a últimas fechas, este proceso productivo se ha estado transformando, dejando solo dos elementos: el autor y el punto de venta. De tal manera que al disminuir el número de personas o elementos que intervienen en la cadena, los precios de producto disminuyen. Con las modificaciones, el porcentaje de participación se cambia, otorgando al autor el 80% del precio de su obra.

Esta modificación es más justa, además que ha abaratado el precio de los libros, y, de paso, ha permitido que muchos escritores noveles encuentren un medio para que publiquen sus obras sin que tengan que esperar a que una editorial los apruebe. A primera vista, se puede decir que los cambios han traído consigo grandes mejoras, no obstante, desde mi punto de vista y haciendo un alto para examinar un poco más la situación, no todo es un impacto positivo, pues se prescinde de elementos esenciales que le otorgan un valor agregado al producto final, disminuyendo con ello la calidad de la obras. Cuando el proceso es casi inmediato, no hay una parte que determine qué producto tiene la calidad suficiente para salir al mercado, y siendo tan basta la oferta de libros, muchas obras que realmente la tienen se pierden en el mar de literatura.

cadena de valor

Como dije anteriormente, no solo debemos ver a los elementos del proceso como entes que encarecen los costos, sino como un valor agregado que le otorga un plus a la obra que se publica. Derivado de la necesidad de inmediatez del mercado, y de los autores por querer publicar, se han olvidado de revisar, corregir y pensar si las obras realmente tienen la calidad necesaria para salir las estanterías o aparatos electrónicos. Los editores y correctores son parte primordial del proceso, pues de ellos depende mucho la calidad. No se deben evitar, al contrario, se deben de abrazar con mayor aprecio su trabajo, y verlos no como enemigos, sino como guardianes que colaboran con nosotros para que nuestro trabajo se presente de la mejor calidad posible. Las editoriales también tienen un trabajo importante, son quienes arriesgan el dinero para que nuestro trabajo pueda llegar a la mayor cantidad de personas posible, trabajando por nosotros para encontrar el nicho adecuando que nos quiera leer.

No digo que deberíamos de volver al modelo anterior, sino que debemos transformarla de nuevo para que no disminuya la valía de los libros. No sacrifiquemos la calidad literaria en virtud de la cantidad y la inmediatez. Debemos buscar nuevos modelos de negocio que regresen el equilibrio a la literatura, facilitando la publicación sin deterioro de la calidad, además que no aumenten los precios de los libros, ya sean digitales o físicos.

Por | 2017-04-28T10:12:42+00:00 27 abril, 2017|Mercado Editorial|Sin comentarios

Acerca del Autor:

Raul Veliz

Raúl Véliz Salas (Durango, Mx, 1981) es licenciado en Administración de empresas y terminó la maestría en administración de negocios.